Lejos, muy lejos, habÃa una casita de madera junto a la linde del bosque. Allà vivÃa un hábil tallador de madera con su amada esposa. No tenÃan hijos y se sentÃan solitarios en su casa.
Una noche, la mujer le dijo a su marido:
— Escucha, eres muy hábil y tus manos han tallado tantas cosas maravillosas de madera. ¿Y si nos tallas un bebé?
Al escultor de madera le encantó la idea, asà que se levantó pronto a la mañana siguiente para comenzar a cumplir los deseos de su esposa. Lijó un buen trozo de madera y en unos instantes ya habÃa tallado a un pequeño bebé. Una vez terminado, se lo llevó a su mujer y, aunque era de madera, ella lo trató como a un bebé de verdad. Lo abrazó con cariño, lo meció en una cunita y le cantó. Y de repente, ¡un milagro! Ocurrió algo increÃble: la canción dio vida al niño.
Sus padres decidieron llamarlo Roble; pensaron que era el nombre que mejor lo describÃa.
El niño creció tan alto como una espiga. Pronto se convirtió en un joven, y le pidió a su padre que le hiciera un bote de pesca de madera. Su padre se puso a trabajar en él de inmediato y en poco tiempo el barco estaba terminado. Con su bote, Roble podÃa pescar para alimentar a su familia, lo cual ayudó muchÃsimo. Todas las mañanas iba al mar, donde los pájaros le cantaban, y su cariñosa madre le traÃa el almuerzo, cantando desde la orilla del mar:
«Ven, Roble, mi querido muchachito. Ven a la orilla y come un cachito».
Y cuando Roble oÃa esta melodÃa, corrÃa a su encuentro en la orilla, la saludaba, se comÃa su sopa y salÃa de nuevo al…